Mientras la guerra comercial de Donald Trump sacude las cadenas de suministro globales y encarece las exportaciones de gigantes como China y Vietnam, un país pequeño en Centroamérica empieza a aparecer en los radares de los inversores industriales: Honduras. La combinación de su posición geográfica, su histórica relación con Estados Unidos y las negociaciones en curso para reducir aranceles está generando una ventana de oportunidad que el sector privado hondureño no quiere dejar pasar.
El punto de partida: la reunión en Mar-a-Lago
Todo arrancó con un encuentro que pocos esperaban tan rápido. El presidente hondureño Nasry "Tito" Asfura se reunió con Donald Trump en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, apenas días después de asumir el cargo. El resultado fue concreto: ambos gobiernos confirmaron el inicio de negociaciones económicas para impulsar el comercio, reducir aranceles y fortalecer la inversión bilateral.
El ministro de Finanzas de Honduras, Emilio Hernández, confirmó los acuerdos desde Panamá, donde participaba en la reunión de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según sus declaraciones, los temas económicos y de seguridad abordados en la reunión "van a ayudar bastante a la región" y serán implementados de forma gradual.
El problema concreto: dos aranceles que frenan la inversión
Honduras exporta hacia Estados Unidos el equivalente al 46.2% de sus ventas totales al exterior, según el Banco Central de Honduras (BCH). Eso significa que lo que pase en Washington le pega directamente al empleo y al crecimiento del país.
El sector privado hondureño tiene dos aranceles en la mira:
- El arancel general del 10% sobre las exportaciones hondureñas, impuesto por Trump como parte de su política de aranceles recíprocos. El problema es que Guatemala y El Salvador ya lograron acuerdos de comercio recíproco con Washington, lo que los deja en mejor posición competitiva que Honduras en el mercado estadounidense.
- El arancel del 25% sobre los arneses automotrices, uno de los productos de exportación más importantes del país. Este gravamen golpea directamente a las maquiladoras del norte de Honduras, especialmente en San Pedro Sula, donde se concentra gran parte de la industria manufacturera.
El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) estima que mantener estos aranceles sin negociar podría representar la pérdida de 145,000 empleos directos y más de 525,000 puestos indirectos. No es un número menor para una economía donde la informalidad laboral ya es estructural.
"La relación bilateral permitirá que Honduras se vuelva más competitivo en la región", señaló un directivo de la Cámara de Comercio e Industria en Cortés, el principal polo industrial del país.
La señal jurídica: el regreso al CIADI
Paralelo a las negociaciones arancelarias, el gobierno hondureño tomó una decisión que habla directamente al lenguaje de los inversores extranjeros: el retorno formal al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), el organismo del Banco Mundial que funciona como árbitro en disputas entre Estados e inversores privados.
La canciller Mireya Agüero lo explicó sin rodeos: es una señal de estabilidad jurídica. Pertenecer al CIADI significa que si una empresa extranjera invierte en Honduras y el Estado no cumple las reglas, hay un mecanismo internacional de resolución de disputas. Para muchos fondos de inversión, esa garantía es condición mínima antes de mover un dólar.
El fenómeno nearshoring: Honduras compite por fábricas que huyen de Asia
Hay un contexto global que favorece a Honduras en este momento. La guerra comercial de Trump impuso aranceles de hasta el 50% a países asiáticos como China, Vietnam, Bangladesh e Indonesia. Eso está obligando a muchas empresas multinacionales a buscar alternativas de producción más cerca del mercado estadounidense, un fenómeno conocido como nearshoring.
Honduras, con un arancel del 10% —mucho menor que el de sus competidores asiáticos— y con décadas de experiencia en manufactura textil y de arneses para la industria automotriz, aparece como una opción lógica para esas empresas. El sector privado es consciente de esto. "El diálogo entre gobierno y sector privado no es opcional; es estratégico", señaló un representante empresarial hondureño en un foro reciente con la Embajada de EE.UU. en Tegucigalpa.
Incluso una misión comercial de la Cámara de Comercio Hispana de Louisiana visitó Honduras con ejecutivos de empresas como Gulf Coast Bank y CRC Global Solutions, buscando identificar oportunidades concretas de inversión y cooperación logística.
Los sectores que más podrían ganar
Si las negociaciones arancelarias avanzan y la certeza jurídica se consolida, los sectores con mayor potencial de atracción de inversión son:
- Industria de arneses automotrices (maquila): ya es uno de los pilares exportadores del país. Una reducción del arancel del 25% al 0% sería un cambio de juego para las plantas establecidas en el Corredor Industrial del norte.
- Sector textil: con décadas de experiencia y mano de obra calificada, Honduras puede capturar pedidos que hoy van a Asia si los costos arancelarios se nivelan.
- Agroindustria: el café hondureño alcanza precios de hasta USD 300 por quintal y la próxima cosecha proyecta un incremento en producción, según analistas del sector bancario.
- Infraestructura energética: empresarios como el banquero Atala identifican la energía como el cuello de botella principal. Honduras enfrenta ineficiencias tanto en generación como en distribución que encarecen los costos industriales. Quien resuelva ese problema tiene un mercado cautivo.
Los desafíos que no desaparecen con los acuerdos
No todo es optimismo. El sector privado es claro en señalar que las negociaciones arancelarias son necesarias pero no suficientes. Los inversores extranjeros exigen tres condiciones que Honduras todavía necesita fortalecer:
- Certeza jurídica sostenida: reglas claras que no cambien con cada ciclo político.
- Seguridad: reducir los índices de violencia que históricamente han frenado la llegada de capital.
- Infraestructura: energía, logística y conectividad son las demandas constantes de cualquier empresa manufacturera que evalúa instalarse.
El presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), Fernando García, fue directo: se necesita "claridad en cuanto al tema arancelario para evitar afectaciones directas al consumidor final en el mercado norteamericano". Sin ese marco claro, las inversiones se van a Guatemala o El Salvador, que ya tienen sus acuerdos firmados.
Impacto directo para Honduras: empleos, remesas y lempiras
Para el hondureño de a pie, el resultado de estas negociaciones no es abstracto. Si Honduras logra eliminar o reducir sustancialmente los aranceles con EE.UU., el impacto más inmediato sería la preservación y creación de empleos formales en el sector maquila, que concentra miles de trabajadores en departamentos como Cortés, Yoro y Francisco Morazán. Más empleo formal significa más ingresos en lempiras, menor presión migratoria y más recaudación tributaria para el Estado. Para los inversores que hoy observan desde afuera, el momento de analizar a Honduras es ahora: la ventana de oportunidad que abre la reconfiguración de las cadenas globales de suministro no permanece abierta indefinidamente.
Fuentes: Tu Nota, Infobae Honduras, La Tribuna, Hondudiario, Infobae — Banqueros Honduras.