La Reserva Federal de Estados Unidos tomó una decisión que nadie en Latinoamérica puede ignorar: mantuvo sus tasas de interés sin cambios, en un rango de 3,50% a 3,75%. La reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) se celebró en medio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, un conflicto que disparó los precios del petróleo y complicó aún más el panorama inflacionario global.
El presidente de la Fed, Jerome Powell, fue claro: no habrá recorte de tasas hasta que la inflación dé señales concretas de bajar. Y eso, para los bolsillos de millones de personas en México, Colombia, Honduras, Perú y Argentina, tiene consecuencias muy reales.
¿Por qué la Fed no baja las tasas?
Hay dos razones principales. La primera es la inflación persistente: la Fed actualizó sus proyecciones y ahora espera que la inflación cierre el año en 2,7%, por encima del 2,4% que proyectaba antes. La segunda es la guerra en Medio Oriente, que generó disrupciones en el tránsito de crudo por el Estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial—, empujando el barril por encima de los 100 dólares.
"Si no vemos avances en la reducción de la inflación, no habrá recorte de tasas." — Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal
Hubo un único voto disidente dentro del FOMC: el gobernador Stephen Miran, quien abogó por una reducción de un cuarto de punto. Fue 11 a 1. La postura oficial de la institución es esperar y observar.
¿Qué tiene que ver esto con el lempira, el peso o el sol?
Mucho. Cuando las tasas en Estados Unidos se mantienen altas, los inversionistas internacionales prefieren colocar su dinero en activos en dólares, que les ofrecen mejores rendimientos con bajo riesgo. Eso significa que el capital sale de los mercados emergentes y se va hacia Wall Street o los bonos del Tesoro americano.
El resultado: las monedas de la región pierden valor frente al dólar. Y cuando el dólar sube, todo lo que se importa —desde gasolina hasta electrodomésticos— se encarece. El índice de fortaleza del dólar (DXY) se ubica alrededor de 100,02, reflejando esa solidez de la divisa estadounidense.
El efecto sobre los créditos y el ahorro
Este es el punto que más afecta al ciudadano común. Si los bancos centrales de la región no pueden bajar sus tasas de referencia porque la Fed no las baja primero, los créditos hipotecarios, los préstamos de vehículos y las deudas de consumo siguen siendo caros. Y quienes tienen ahorros en fondos o bonos locales verán que sus rendimientos difícilmente van a mejorar en el corto plazo.
- Créditos hipotecarios: siguen con tasas elevadas, sin margen de alivio inmediato.
- Préstamos al consumo: el costo de endeudarse no bajará pronto.
- Ahorro e inversión: los bonos gubernamentales de la región mantienen rendimientos relativamente altos, pero la volatilidad cambiaria resta atractivo.
- Remesas: para países como Honduras y México, un dólar más fuerte significa más lempiras o pesos al recibirlas, aunque eso también encarece las importaciones.
¿Cuándo podrían bajar las tasas?
La propia Fed proyecta al menos un recorte de 25 puntos básicos antes de que termine el año. Sin embargo, los mercados son más escépticos: los futuros sobre fondos federales apuntan a que la primera reducción podría no llegar sino hasta el próximo año. Todo depende de cómo evolucione la inflación y el conflicto en Medio Oriente.
La tasa de largo plazo de la Fed también fue revisada al alza, de 3,0% a 3,1%, algo que no ocurría desde finales del año anterior. Esa señal indica que el dinero caro llegó para quedarse por más tiempo del que muchos esperaban.
Impacto directo en la región
Para México, cuyo 80% de exportaciones va a Estados Unidos, un dólar fuerte tiene cara y cruz: favorece a los exportadores pero encarece los insumos importados y presiona la inflación interna. El Banco de México (Banxico) tendrá menos margen para continuar su ciclo de recortes. Para Colombia, el Banco de la República enfrenta el mismo dilema: bajar tasas para estimular la economía, pero sin que el peso se deprecie demasiado. Para Honduras, donde las remesas desde Estados Unidos representan una parte significativa del PIB, el dólar fuerte beneficia a los hogares receptores, pero el Banco Central de Honduras (BCH) deberá monitorear el tipo de cambio del lempira y las presiones inflacionarias derivadas del alza del petróleo. En Perú y Argentina, la volatilidad cambiaria adicional complica aún más la gestión macroeconómica de corto plazo.
Fuentes: Bloomberg Línea, CNN en Español, Infobae Colombia.